UNA HISTORIA Y UN ÁRBOL

REFLEXIONES DE UN MAESTRO, UNA HISTORIA Y UN ÁRBOL
Siempre recordaré cómo puede cambiar un día de colegio una sonrisa y la actitud desde que entras. Sí, no diferencio docentes y alumnos porque más que distinguirlas, van enlazadas.

¿Verdad que no es lo mismo que un maestro llegue cabizbajo, serio e incluso a disgusto…? ¿que si llega sonriente, enérgico y con unas ganas enormes de comenzar el día de colegio?

Pero… permitidme que antes de seguir, os presente la historia.

El árbol de los problemas, por Jorge Bucay
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El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de duro trabajo. Su cortadora eléctrica se había averiado, y le había hecho perder una hora de su trabajo, y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio.

Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el coche.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad, y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

– «Ése es mi árbol de los problemas», contestó.

– «Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen ni a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Después, por la mañana los recojo otra vez. Lo más divertido es que… cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recordaba haber dejado la noche anterior.»
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¿Magnífica actitud verdad? Pero permítanme hacer una excepción, o al menos aclaración en el caso de los docentes. Si bien no debemos dejar que los problemas nos sobrepasen en la vida, sino buscar siempre un resquicio positivo en cuanto nos ocurra. ¡Ojo! ¡Que la vida SÍ tiene muchas adversidades y problemas! ¡Están ahí! Los maestros no somos máquinas sin emociones, más bien no deberíamos serlo jamás…

Pero debemos recordar que tras esa puerta de entrada al colegio, hay 25 niños esperando para un día increíble de descubrimientos, aventuras y aprendizajes. Y ellos merecen la mejor de nuestras sonrisas.

De acuerdo… siempre puede haber un día en el que una grandísima pena nos bloquee los músculos de la cara, pero estoy seguro de que los niños intentarán compensar ese día. Pero siempre, siempre, siempre… debemos ofrecerles la mejor versión de nosotros mismos… La vida te da muchísimas razones para llorar, pero también te las da para sonreir. Por el hecho de tener este trabajo, ya somos muy, muy, muy afortunados.

Por lo tanto, maestros… recordad abrazar vuestro árbol de las penas antes de entrar al colegio. Tus problemas no pertenecen a esos niños y niñas. Incluso de alguna forma, tus alumnos, pueden convertirse en tu «árbol de la alegría».

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